Hay que perseverar en las pequeñas etapas que componen un proyecto, con convicción y confianza, con optimismo, entusiasmo y valentía, con la certeza de que, al lograr los resultados, salimos fortalecidos y reforzados. Es algo tanto emocional como racional: la convicción ya pesa más que el 50% de nuestro cociente intelectual.
Valentía, perseverancia y entusiasmo van indisolublemente unidos. Suponen optimismo y convicción de que se van a lograr los objetivos y resultados.
Era también muy importante saber gratificarse con los pequeños logros alcanzados, a fin de perseverar en la misma actitud. Dudas y titubeos, que hacen perder tiempo, son obstáculos inútiles que nos inmovilizan y bloquean, frenando nuestro progreso.
La perseverancia es probablemente la cualidad que más diferencia a unas personas de otras. La perseverancia es la convicción hacia el éxito y la sencillez y satisfacción ante el éxito del proyecto. La perseverancia nunca permite llamar fracaso a un intento fallido. Es una prueba, una experiencia y un e aprendizaje hacia el acierto. El aparente fallo o fracaso de hoy es la semilla del éxito del mañana. Cuando otros abandonan, el perseverante sigue, pues siempre está lleno de confianza, optimismo y convicción.