Sintiendo el calor de la valiosa mercancía entre sus manos, Z y Jorge se dirigieron de nuevo al mercado para encontrarse con "las chicas" y volver todos juntos a casa para desayunar. Además del pescado y frutas, Sara y Elena habían comprado un manojo de clavellinas, más pequeñas y apretadas que los claveles, que emanaba un profundo aroma de clavo. Al poco de volver todos en el coche éste estaba completamente envuelto en un delicioso olor a clavo, pero dominado por el espléndido aroma de los churros recién hechos, que inundaba todo el interior del vehículo. Todo aquello fue el preámbulo de un magnífico desayuno, donde, junto con el té, el café y el chocolate, había churros por todas partes.
Las vivencias y experiencias son fáciles de sentir y muy difíciles de transmitir en todos sus matices y efluvios, pensaba Z, embriagado del aroma de churros. Estas pequeñas cosas son importantes en la vida.