Z pensó que todo lo hermoso y fascinante siempre viene acompañado de su contrario, de algo inquietante. Lo que te trae lo bueno te trae lo malo, y al revés. Recordó una frase de Cervantes en la que decía que cuando las desventuras y desasosiegos te abrumen y duren mucho tiempo, no te entristezcas, sino, al contrario, alégrate, porque males y bienes se suceden en forma de pleamares y de bajamares, así que, cuando duran mucho, es señal de que van a acabar pronto.
Sin olvidarse de la serpiente, Z prefirió disfrutar de las evoluciones voluptuosas de la odalisca en su danza de los siete velos.