Capítulo XVI: Libera tu Imaginación y al Niño que Llevas Dentro

La luna llena de agosto

Aquella noche iban a cenar todos en la terraza de la casa, viendo el mar como desde la cubierta de un barco. Era noche de luna llena de agosto, y mientras preparaba los aperitivos en la cocina, la principal preocupación de Z era que todos estuvieran atentos a la salida de la luna. Tanto a Jorge como a Sara y Elena, y también a la chica de servicio, les apercibió que vigilaran a partir de las diez, pues él no podía hacerlo desde la cocina.

Al aparecer, la luna era un sol esplendoroso, saliendo, rojo intenso, a las diez y media de la noche. Todos pudieron contemplar durante más de una hora cómo se iba elevando poco a poco sobre el horizonte. Roja al nacer, naranja y amarilla después, y plateada finalmente. Al comienzo, dibujaba una línea dorada sobre el mar, que, poco a poco y a medida que ascendía, se iba transformando en una línea más ancha de mil reflejos plateados.

Mientras contemplaba la belleza del momento, Z recordó que años antes, en otra noche de luna llena de agosto como aquella, Jorge, que debería entonces tener 6 ó 7 años le preguntó: “Papá, ¿por qué los rayos de la luna sólo se dirigen hacia nosotros y no hacia los demás lugares?” Z no contestó de inmediato y quedó silencioso. Dos de los invitados explicaron claramente y de la forma más racional y adecuada las leyes de la reflexión y cómo uno sólo percibe los rayos que se dirigen hacia él.


Jorge, no obstante, seguía mirando a Z, que no había hablado, dejando que los demás respondieran con visión objetiva. Z finalmente contestó a su hijo: “Bueno, la luz de la luna y la del sol son la misma y se reflejan en todo el mar. La luna recoge la luz del sol y te la manda a ti. Sol y luna te transmiten la misma luz y energía, uno de día y la otra de noche. La luna sólo apunta hacia ti en sus reflejos, en su rielar (que así se dice) sobre el mar, porque en el fondo tanto ella como el sol salen para ti y para cada uno de nosotros. Salen para ti si eres tú quien los estás esperando. Cuando la luna empieza a salir, tú la ves, pero ella todavía no te ha visto a ti. Es entonces, si la esperas, mirándola, cuando ella, poco a poco, te empieza a lanzar, desde su cuerpo rojo-naranja, ese haz de rayos dorados, que, de forma mágica, se van transformando en destellos de plata, todos dirigidos hacia ti. A ti te los manda, porque has estado atento a la belleza de su salida, y de ti espera mucho. De cada uno de nosotros la luna y el sol esperan mucho, y se demuestra científicamente, porque al elevarse la luna, esa línea plateada se va convirtiendo, poco a poco, en un río de plata, cada vez más ancho, hasta que se extiende por todo el mar. Y ahora, todo ese mar de plata es para ti y para todo el que lo sabe contemplar, pues desde ti se extiende hasta el horizonte infinito, donde el mar abraza al sol, a la luna y a las estrellas. Todo ese brillo tan prodigioso que ves en el mar significa todo lo que tú puedes hacer cada día a lo largo de tu vida, cuando salen el sol y la luna.


Esa es la explicación más rigurosa y más científica, Jorge. ¡Faltaría más! ¡Bueno es tu padre para no saberlo!”

Jorge se quedó mirando un rato fijamente a los ojos de Z. La luna brillaba en los ojos de ambos. Con el sentido del humor que, a pesar de su corta edad, siempre mostraba, respondió: “Bueno, papá, esa es la explicación científica más importante. Las otras ya las comentaremos después.”

Todos hemos visto nacer el sol y salir la luna muchas veces. Pero en algunas ocasiones, al nacer ellos también nos ven a nosotros nacer y renacer. Cada día nos ven nacer un poco. Si no sentimos que el sol y la luna nacen cada día, ellos nos ven morir un poco cada día.

Cada martes te invito a compartir las vivencias y experiencias de nuestro personaje, Z, en la sección "Mejorar tu vida". - José Medina, Presidente de Odgers Berndtson España y Portugal