Capítulo XV: Comparte tu Entusiasmo

Visita a los Trastámara, antes de descubrirse América

En dos mañanas consecutivas Z y su hijo fueron en bicicleta a un asentamiento cercano a la playa del Cucurucho, todo cubierto de arena. En la primera exploración, tras muchos intentos fallidos, encontraron una moneda de bronce, de la época de los Reyes Católicos a un palmo de profundidad. Z quedó pensativo, observando la moneda, que era aleación de cobre con otro metal, quizá estaño, con las letras “F” de Fernando e “Y” de Isabel. ¿Cuál podría haber sido la historia por la que la moneda había llegado a parar allá? ¿Se le habría caído en el siglo XV a alguna persona del bolsillo mientras paseaba y allí quedó enterrada cinco siglos más? ¿Atracaron a alguien robándole una bolsa de monedas de oro y tiraron ésta, que era menos valiosa? Habría cien historias posibles detrás de la moneda.


Al día siguiente, animados por los resultados, fueron a explorar en el mismo lugar. Tras detectar innumerables chapas de botellas de cerveza y latas de bebidas, encontraron una moneda de un cuarto de real de vellón con la efigie de un rey, que resultó ser Enrique IV de Trastámara, “el de las mercedes” o “el impotente”, padre de Juana la Beltraneja y hermanastro de Isabel la Católica, que le sucedió como reina de Castilla. Isabel ya estaba casada con Fernando V de Aragón, que a pesar de su disgusto, ya que él tenía aspiraciones legítimas a la corona de Castilla, aceptó en principio su papel de rey consorte de Castilla.

Observando la moneda y recordando la de los Reyes Católicos del día anterior, Z se sentía fascinado pensando cómo ambas piezas, sin gran valor material, pero de enorme importancia para ellos por haberlas descubierto, estaban allí, por donde pasaba tanta gente, desde los años mil cuatrocientos cincuenta y tantos, cuando los turcos acababan de tomar Constantinopla. Hacía más de quinientos años. Poco tiempo de espera, comparado con el de las monedas romanas y el de los restos paleolíticos.


La importancia, el cariño y el valor que damos a las personas y a las cosas, pensó Z, dependen del esfuerzo, entusiasmo, tiempo, energía y amor que hemos depositado en ellos, más allá de lo objetivo.

Siempre acompañaría a su hijo, le ayudaría y disfrutaría con él en todas las tareas que a Jorge le gustaran y entusiasmaran. Compartiría con él todo el entusiasmo y alegría que él mostraba en las exploraciones que juntos llevaban a cabo.

Cada martes te invito a compartir las vivencias y experiencias de nuestro personaje, Z, en la sección "Mejorar tu vida". - José Medina, Presidente de Odgers Berndtson España y Portugal