Capítulo XIX: Sé Positivo y Asertivo

Un día, todos hicieron una excursión a Málaga, que estaba en ferias. Tras una visita muy entretenida a la Casa de Picasso, fueron a comer al Parador de Gibralfaro. La comida era deliciosa y la mesa excelente, con una vista esplendorosa del mar y del puerto. ¡Qué panorama tan maravilloso debía tener el castillo en la antigüedad,, sin ningún edificio alto por delante y desde el Monte de Gibralfaro! ¡Qué bien debería vivir el rey moro de la época!

Z comentó que lo de Monte de Gibralfaro era una redundancia, pues “gibr” o algo parecido con la misma raíz en árabe ya significaba “monte”, “roca” o “peñón”, como Gibraltar era “Monte de Tarik” o Gibraleón era “Monte del león”, etc., pero pronto se dio cuenta de que sus observaciones eruditas a la familia poco progresaban, ante los exquisitos aperitivos y comida, en los que se concentraron los cuatro.


Tras el segundo plato, llegó una familia con tres niños que alborotaban fuera de lo común. Tras alguna que otra mirada al ruidoso grupo familiar, Sara comenzó a molestarse, pensando que una llamada de atención podría aliviar el problema. Z no tenía tantas esperanzas. Pero decidió que entre quedarse uno con la molestia y el “bollo” de no manifestarlo o transmitirlo cortésmente al otro, aunque se pudiera molestar, era mejor lo segundo.

En el momento en que Z se incorporaba, sin decir nada, para dirigirse a la mesa vecina con el fin de calmar a la ruidosa familia, Sara y Elena decidieron levantarse para ir al lavabo. Por la mente de Z se cruzó una frase humorística que alguien le dijo una vez: “Los hombres van al lavabo a algo concreto y las mujeres para estar en él”. Había tiempo de sobra. “A la vuelta nos encontrarán en otra mesa, que va a ser la mejor solución, y se llevarán una sorpresa”.


Casualmente pasaba el “maître” junto a ellos en aquel momento. Z le dijo a Jorge: “Vamos a cambiarnos de mesa”. Se levantó y, dirigiéndose al “maître”, con una gran sonrisa, le pidió, por favor, que los postres y el café se los sirvieran en otra mesa lejana a la de marras. Afortunadamente, aquel día había espacio y otras mesas libres en el restaurante, también con muy buenas vistas. Es lo que permitió que la solución fuera la mejor y todos quedaran contentos.

Al volver Sara y Elena se encontraron con la sorpresa de una mesa nueva y agradable, también con una vista espléndida a la bahía, donde tomaron los suculentos postres que habían pedido y el resto de la sobremesa, que se alargó generosamente. Al final, Z se sintió satisfecho de haber sido asertivo y haber logrado que la segunda parte de la comida- que él no estaba dispuesto a que se estropeara- transcurriera alegremente entre todos, con su familia en paz y sosiego, sin caer en el enfado ni tener que abordar la misión prácticamente imposible de lograr que la ruidosa familia se comportara con más mesura. De hecho, así sucedió y la familia fue un poco (sólo un poco) más moderada en su alboroto, pues observaron la retirada estratégica de Z y su familia. Las palabras hablan, pero los hechos sin palabras también hablan por sí solos.

Como era de esperar, al poco volvieron a su ruidoso jolgorio. Pero a larga distancia, sin efectos colaterales perniciosos en Z y familia. Al final, el día fue perfecto.


Tras la comida en el Parador, visitaron el Castillo de Gibralfaro y la Alcazaba, que son para Málaga lo que la Alhambra y el Generalife para Granada, los Reales Alcázares para Sevilla o el Alcázar de los Reyes Cristianos para Córdoba.

Hay que buscar siempre opciones “gana- gana”, pensó Z. Vivir y dejar vivir, eso es lo importante.


Z procuraba ser siempre muy asertivo y dejaba claro lo que quería. Pero eso se puede transmitir de formas muy diferentes y con músicas distintas. El ejercitarse en estos pequeños detalles tiene un valor inapreciable. La vida está llena de pequeños detalles, mucho más numerosos y hasta más importantes, a veces, que los grandes, y el tratarlos adecuadamente supone simplemente ir disfrutando de las pequeñas margaritas que vemos crecer en nuestro camino, en vez de ir pisándolas en nuestro andar descuidado o a trompicones.

Cada martes te invito a compartir las vivencias y experiencias de nuestro personaje, Z, en la sección "Mejorar tu vida". - José Medina, Presidente de Odgers Berndtson España y Portugal