Capítulo XIII: Disfruta con los tuyos

Viaje al Paleolítico

Aquella mañana, con Jesús, el jardinero, que era un gran aficionado a la arqueología, y con su hijo, Z aprendió que las lascas de sílex en los asentamientos paleolíticos se descubren y captan mejor en el suelo mirando a contrasol y después de haber llovido. La lluvia arrastra las partículas de arena y deja el sílex, más pesado, brillando al aire libre. A veces, puede confundirse con alguna hoja seca de encina o de alcornoque, de tamaño, brillo y hasta color parecidos.


Ese día, además de muchas lascas y trozos de puntas de flecha, encontraron una cuchilla de sílex, como una pequeña navaja, afilada y cortante por un lado y en forma de sierra por el otro. La cuchilla, que no era recta y plana, sino curva y arqueada, terminaba rematada en un pequeño círculo con un orificio por el que probablemente estaría atada a su dueño. Z observó aquella pieza minúscula, de unos cinco centímetros de longitud,  que estaba allí, esperándoles durante miles de años, y para él más valiosa que un diamante.


El asentamiento de Pinar del Rey se halla cercano a San Roque, y el de Jimena de la Frontera en la ladera de un pico montañoso donde se asienta el espectacular castillo que domina el pueblo, junto al río Hozgarganta. Buscando con cuidado y con atención, Z, Jesús y Jorge hallaron muchos restos de los instrumentos que el hombre paleolítico usaba en su quehacer diario para cortar o rasgar pieles, para su vestimenta y cobijo.

Z era el menos hábil en identificar las piezas dentro del trío, donde Jorge era el máximo descubridor y Jesús el experto que dictaminaba la valía de la pieza hallada. Dentro de la búsqueda, Z quedaba a veces distraído, absorto, pensando cómo sería la vida de aquellos humanos diez mil años atrás. ¡Cuántos intentos fallidos y cuántas lascas tuvo que probar y descartar el hombre paleolítico que había fabricado aquella cuchilla, para moldear los dientes de sierra y lograr afilarlos, y para hacer el orificio de aquel instrumento que quedó allí durante diez mil años!


La vivencia de la búsqueda era para Z algo mucho más intenso y valioso que el valor material de las piezas halladas. Si el resultado del trabajo es importante, lo es más la ilusión, el empeño, la fe, la imaginación y el compromiso que ponemos a lo largo de la tarea. Tan importante o más que el llegar a la meta y al resultado es el viajar con ilusión y esperanza, descubriendo y comprobando el sentido de nuestro trabajo. La meta es el camino. La satisfacción de haber encontrado la cuchilla y las lascas paleolíticas fue para todos grande, pero tanto o más lo fue el trabajo en equipo y el esfuerzo de los tres a lo largo de  la búsqueda. Y sobre todo, el disfrute de haber estado inmersos durante una mañana en un lugar donde los humanos de la prehistoria trabajaban y vivían hace diez mil años.

Cada martes te invito a compartir las vivencias y experiencias de nuestro personaje, Z, en la sección "Mejorar tu vida". - José Medina, Presidente de Odgers Berndtson España y Portugal