Capítulo XII: Persevera: Poco a Poco y Paso a Paso

La Piedra Filosofal y el Trébol de Cuatro Hojas

Casi todas las mañanas, en su camino de vuelta de la marcha, Z solía recoger unas conchas bien cóncavas, grandes, estriadas, muy hermosas, cuyas almejas utilizaban los pescadores como cebo. Día tras día, durante varios veranos, Z había ido colocando las conchas en un amplio parterre que tenía la casa en el hueco de la escalera. Las conchas lo cubrían por completo y se podían contar por miles. El parterre al final se asemejaba a una pequeña playa cubierta por una inmensa lluvia de conchas. Era un lugar de gran belleza y sencillez, que Z había ido haciendo día a día, casi sin pretenderlo.

Una mañana, volviendo por la playa con su pequeña mochila llena de conchas, Z recordó una hermosa historia de Rabindranath Tagore, sobre un hombre que buscaba con locura la piedra filosofal.


"Un hombre buscaba por la playa la piedra filosofal. Las olas incansables hablaban sin parar de sus tesoros ocultos, burlándose de la ignorancia de quien no las entendía. El hombre erraba solitario, no quería descansar, porque su vida era sólo una búsqueda permanente por la playa, cogiendo piedrecillas y probándolas con su cadena de hierro, por si alguna la convertía en oro.

Así seguía haciendo todos los días, hasta que una vez, un niño que se cruzó con él por el camino le dijo: “Oye, ¿quién te dio esa cadena de oro tan bonita que llevas en la cintura?”.


El hombre se miró sobresaltado. ¡Su cadena de hierro era de oro! ¿Dónde había encontrado la piedra sin saberlo? Tenía tal costumbre de coger piedrecillas, tocar con ellas la cadena y volverlas a tirar sin mirar si el hierro se hacía oro, que había encontrado la piedra filosofal, no se había dado cuenta y la había vuelto a perder.

Se ponía el sol y todo el cielo era de oro. El hombre empezó a desandar lo andado, detrás del perdido tesoro, sin fuerzas, doblado el cuerpo, el corazón en el polvo, como un árbol arrancado de raíz. Todo se tornaba en miles de reflejos dorados alrededor del hombre en aquel atardecer".


Z quedó pensando que, al igual que con las conchas, todos podemos encontrar nuestra pequeña piedra filosofal, paso a paso en nuestra vida. El trébol de cuatro hojas que buscamos puede brotar si cultivamos, regamos y cuidamos muchos tréboles de tres, hasta ver sorprendidos que, entre todos ellos, ha brotado el de cuatro hojas, si somos capaces de verlo. Las grandes cosas se van construyendo poco a poco, paso a paso.

Cada una de sus conchas había sido para él una pequeña semilla de trébol que, con muchas otras, en forma de lluvia mágica, transformó poco a poco su parterre en una pequeña playa llena de conchas bellísimas.

Z recordó el proverbio chino de que una marcha de muchas millas se inicia con el primer paso. Nada grande se construye en un momento. Al final, en la vida eres lo que has ido haciendo y construyendo cada día.


En agosto todos tomamos vacaciones. Una de las principales mejoras, siguiendo la filosofía de "Mejorar tu vida", consiste en disfrutar de unas buenas vacaciones. ¡Feliz verano! Nos vemos en septiembre.

Cada martes te invito a compartir las vivencias y experiencias de nuestro personaje, Z, en la sección "Mejorar tu vida". - José Medina, Presidente de Odgers Berndtson España y Portugal