Z quedó pensando que, al igual que con las conchas, todos podemos encontrar nuestra pequeña piedra filosofal, paso a paso en nuestra vida. El trébol de cuatro hojas que buscamos puede brotar si cultivamos, regamos y cuidamos muchos tréboles de tres, hasta ver sorprendidos que, entre todos ellos, ha brotado el de cuatro hojas, si somos capaces de verlo. Las grandes cosas se van construyendo poco a poco, paso a paso.
Cada una de sus conchas había sido para él una pequeña semilla de trébol que, con muchas otras, en forma de lluvia mágica, transformó poco a poco su parterre en una pequeña playa llena de conchas bellísimas.
Z recordó el proverbio chino de que una marcha de muchas millas se inicia con el primer paso. Nada grande se construye en un momento. Al final, en la vida eres lo que has ido haciendo y construyendo cada día.