Capítulo XI: Disfruta el Momento y el Presente

Otra mañana, como de costumbre, Z salió a hacer su marcha antes del amanecer. El cielo estaba todo salpicado de innumerables nubes alargadas, de color gris plomo, que apenas dejaban ver el inmenso espacio azul en el que flotaban, por encima del mar. Aquel día, antes de salir el sol, todas las nubes casi como linces, largas y paralelas al horizonte del mar,  fueron adquiriendo, poco a poco, un tono rojo y rosa intenso, anaranjado, cada nube era un arco iris fuerte en la parte inferior de cada nube, hasta verde, azul y violeta por la superior.

Cada nube era un arco iris horizontal. Todo el cuadro de nubes en arco iris, empezando por el rojo, se reflejaba y proyectaba tiñendo el mar, antes de que el sol apareciera. Era totalmente distinto del amanecer con un cielo sin nubes.


"Hay cosas que se nos manifiestan antes de que las veamos", pensó Z. "Aparecen reflejadas, de forma oblicua, antes de doblar la esquina de la calle por la que paseamos tranquilamente, distraídos. A veces, si estamos atentos, podemos ver su sombra en el suelo, antes de que nos pillen de sopetón."

La visión duró poco menos de diez minutos. Z recordó los innumerables cuadros de la catedral de Rouen pintados por Monet, todos diferentes, según el momento, la luz y la iluminación del día. Había que pintar el cuadro ya, sin perder tiempo, en aquel instante. Ni antes ni después.

En aquella mañana, como al pintar Monet sus catedrales, cada minuto era único, irrepetible, que pasaba y no volvía más. Todo pasa y no te bañas dos veces en el mismo río, como decía Heráclito. Ni el río es el mismo ni tú. Cualquier ocasión perdida no vuelve más en la vida.

La luz, las situaciones, las ocasiones y los momentos son siempre únicos, y, a veces, nos parecen eternos. Pasan una vez y no vuelven. Vienen cuando menos te lo esperas, sin que tú elijas el instante ni el lugar. Por eso los cuadros de la catedral de Rouen son todos diferentes. Parece como si la vida estuviera formada por una inmensa secuencia de instantes innumerables, únicos, y sólo cada uno de ellos es lo que importa.


Así era y así fue aquel amanecer en el que todas las nubes del cielo y el mar se tiñeron de rosa y arco iris antes de que el sol llegara a aparecer en el horizonte. Cualquier otro amanecer fue siempre diferente. Z lo recordó siempre como único, irrepetible.

Vivir cada momento del presente con plenitud, para proyectarlo en tu futuro, sin olvidar el pasado. Éste, como decía un amigo de Z, que era médico, mejor incorporarlo a tu cadena de aminoácidos, a tu carne, a tus huesos; y lo mejor de tu pasado, incorporarlo a tu espíritu.


Si sólo vives el pasado quedarás inmovilizado en él como la mujer de Lot, que, a pesar de los avisos del ángel de que no volviera la vista atrás, lo hizo. Así quedó petrificada, transformada en una estatua de sal.

Vivir y disfrutar el presente no es un "carpe diem" ni ceguera al futuro ni olvido total y cerrazón al pasado. El disfrutar del momento hay que integrarlo con vivencias y evocaciones positivas del pasado para, con fuerza, convicción, optimismo y valentía, proyectar todo hacia el futuro.

Todo ser humano es un proyecto permanente hacia el futuro, que no acaba hasta el último día. Ese proyecto hay que disfrutarlo cada día, asumiendo hoy las dificultades, charcos y pedruscos del camino, no como penitencias ni latigazos de nazareno en las espaldas, sino como parte del precio razonable que hay que pagar gustosamente para lograr algo importante en la vida.

"Además de disfrutar el presente cada día, perseveraré en mi camino de mejora, porque todas las dificultades me hacen más fuerte, y, en cada fracaso que pueda tener, siempre sabré encontrar en él las semillas del éxito", pensó Z:


Los premios de la vida se encuentran
al fin de cada jornada
y no cerca del comienzo.
No me corresponde a mí saber
cuantos pasos son necesarios
a fin de alcanzar mi meta.
Puede aún sobrecogerme el fracaso
al dar el milésimo paso,
Y sin embargo quizá el éxito se oculte
detrás del siguiente recodo del camino.
Jamás sabré cuán cerca estoy del éxito
a menos que doble la curva.
Siempre daré un paso más.
Si éste no es suficiente daré otro y aún otro.
En realidad, un paso más no es difícil.

Og Mandino - "El vendedor más grande del mundo"


Aquel día Z se sentía un poco cansado y dudaba en llegar hasta su punto de vuelta. Pero pensó que siempre daría un paso más, y si no era suficiente, otro y otro. “Un paso más no es difícil, y otro más, tampoco”. No permitiré que ningún día acabe en derrota o fracaso. Cuando el día haya terminado, daré un paso más, y así cada día será único como este amanecer nublado, que, a la vuelta de mi camino, recordaré para siempre, aunque haya desparecido. “Cada momento de mi vida, aunque comience nublado, será único con todos los colores del arco iris, como este amanecer”.

Cada martes te invito a compartir las vivencias y experiencias de nuestro personaje, Z, en la sección "Mejorar tu vida". - José Medina, Presidente de Odgers Berndtson España y Portugal