Capítulo VII: Hazlo ahora, no mañana

Paco el jardinero

Al volver de su marcha aquel día, abriendo el portón de su jardín, Z observó el seto de plumbago que crecía a lo largo de la verja. Las florecillas azules, pequeñas y en abundantes ramilletes entre las hojas verdes, eran para Z como la antesala del hermoso mar azul que contemplaba al fondo cuando se sentaba en el porche. El seto había crecido mucho y necesitaba una poda cuidadosa que rebajara el ramaje verde sin cortar el azul de los cientos de flores y brotes. Z sentía cierta pereza de iniciar una tarea que le llevaría dos o tres horas, y dudaba si dejarla para otro momento, “para mañana”, o algo así.

A su mente vino el recuerdo de Paco, el jardinero que Z tuvo cuando vivía en el campo, cerca de Torrelodones. Paco era un manchego socarrón de Campo de Criptana, ya en sus 50, recio y fuerte, que en Los Peñascales llevaba la jardinería de cinco o seis casas.


Un sábado por la mañana que a Z le habían traído doce álamos para plantar, que eran ya grandes, al llegar Paco preguntó qué hacían los álamos allí. "Ya ves", dijo Z, "a ver si encontramos tiempo y buscamos un día entre los dos para cavar los agujeros y plantar los que podamos." A lo que Paco respondió: "¿Por qué no lo hacemos ahora? ¿Usted puede?" Z dijo: "Bueno, sí, no lo había pensado, y no sé si usted...", a lo que Paco resolvió: "Pues, vamos a plantarlos ahora, que es lo mejor. ¿A qué vamos a esperar si no?". Eran las diez de la mañana y Paco se escupió saliva en las palmas de sus manos, antes de empuñar el azadón y empezar a cavar los alcorques.

Después de cinco horas agotadoras, a las tres de la tarde, todos los álamos estaban plantados, regados y sujetos, en sus doce agujeros.

Los años pasaron y la casa se vendió, pero cada vez que Z pasaba de nuevo por allí y veía la barrera de álamos, recordaba aquel sábado por la mañana en que Paco, sin saberlo ni pretenderlo, le dio la mejor lección de orientación a resultados y a la acción que Z hubiera recibido en toda su vida: "Ahora, no mañana".


Paco recordaba a veces a Z el personaje de una antigua película rusa: "El cazador", Dersu Urzala.

Con la imagen de Paco en su mente, cavando los alcorques de los álamos en Los Peñascales, y plantando entre los dos los doce árboles, Z murmuró: "Ahora, no mañana", y comenzó a podar el seto en aquel momento. Al cabo de dos horas de trabajo y de sudor, después de recoger todas las ramas cortadas, Z se sentó en el porche, mirando al azul del cielo, al del mar y al de las flores del plumbago entre las hojas verdes recién podadas. Gracias a Paco, a los doce álamos plantados y a decidir hacer las cosas ahora, no mañana.


"Actúa ya, ahora", era frase que Z se repetía con frecuencia. "Cuando me asalta la duda entre actuar o no actuar, siempre actúo, pues también siempre me arrepiento mucho más de lo que hago que de lo que no hago." La procastinidad es una palabra castellana poco conocida, que significa dejar las cosas para después permanentemente, siempre para mañana. Hay que estar atento a no caer en ella. El refrán español "No dejes para mañana lo que tengas que hacer hoy" tiene una versión anglosajona parecida, todavía más fuerte: "Si tienes que hacer una cosa mañana, hazla hoy".


Nadie como los niños tiene un sentido tan claro del actuar ahora. Tan remiso es un niño a pasear por pasear como tan decidido y disparado actúa cuando quiere algo, corriendo directo hacia su objetivo, sin economía alguna de esfuerzo.

Madrugar, generar tiempo donde a veces parece que no lo hay, aprovecharlo, actuar y trabajar duro para obtener resultados son cosas interrelacionadas, difícilmente separables. Todas ellas alineadas son como un rayo láser de energía y eficacia para cumplir un proyecto.

Cada martes te invito a compartir las vivencias y experiencias de nuestro personaje, Z, en la sección "Mejorar tu vida". - José Medina, Presidente de Odgers Berndtson España y Portugal