Capítulo V: Madruga: El Arco Iris del Amanecer

La siguiente mañana en que Z inició su marcha antes del amanecer, permaneció un rato mirando al horizonte, por donde iba a salir el sol. Desde la línea recta que el mar formaba con el cielo comenzaron a brotar, lentamente, de abajo hacia arriba, los siete y todos los colores del arco iris, en un espectro continuo que parecía mágico: rojo, naranja, amarillo fuego, y después claro, verde tenue, apenas perceptible, azul claro y oscuro, antes del añil, violeta y del resto del cielo. Nunca en su vida había visto un arco iris tan único y tan hermoso como aquél. En vez de ser curvo como el arco iris que vemos tras la lluvia, era horizontal, paralelo a la línea que separaba al mar del cielo, en capas superpuestas desde el rojo al violeta.


Z permaneció absorto, fascinado con aquel amanecer, hasta que el sol comenzó a salir, haciendo desaparecer de forma mágica al arco iris. Sobre el fondo, desde el estrecho de Gibraltar hacia oriente, de nuevo se veía toda la costa africana, hasta perderse en el horizonte. Aquél también iba a ser un día extremadamente claro.

De no haber madrugado ese día, nunca hubiera pensado que podía contemplar un arco iris tan esplendoroso como aquél.


Es clave levantarse pronto por la mañana y aprovechar el tiempo, simplemente atento a no perderlo. “Poca cama, poco plato y mucho zapato” era un dicho que Z recordaba siempre. Su padre, amante de largos paseos por el campo, también solía repetir: “Hasta la muerte, pie fuerte”.

Si en vez de levantarme a las siete en estas vacaciones, cayera en la pereza y me levantara a las diez, no podría dar el paseo por la playa, no vería salir el sol. Si quisiera hacerlo, sería después del desayuno, con más calor y trastocando planes de la familia, que cuenta conmigo para esa hora. Aunque a veces me dé algo de pereza levantarme pronto, lo haré siempre, pues, cuando dejo de hacerlo, me siento peor por no haber hecho lo que tenía que hacer, y, si lo hago, olvido pronto el esfuerzo de levantarme y lo agradezco mucho más después. Madrugar será, pues, una rutina y un hábito claves para mí. Si madrugo y aprovecho el tiempo, descubriré que estoy viviendo mucho más en todos los sentidos”.


Z recordó con humor las tres recomendaciones infalibles para lograr éxito en la vida:           

          1.          Levantarse temprano.
          2.          Trabajar duro.
          3.          Encontrar petróleo.

Aunque la tercera no es fácil, las probabilidades de conseguirla aumentan mucho si uno se concentra especialmente en los dos primeros hábitos.

Cada martes te invito a compartir las vivencias y experiencias de nuestro personaje, Z, en la sección "Mejorar tu vida". - José Medina, Presidente de Odgers Berndtson España y Portugal