Cuando Jorge tenía cinco o seis años, con la espontaneidad que caracteriza a los niños a esa edad, les había juntado las manos a él y a Sara un día que paseaban los tres, llevándole a él en medio. Era como si Jorge, a veces, echara de menos el verles a ellos intercambiando cariño.
Z recordó tiempos del pasado, durante su noviazgo con Sara y en los primeros años de matrimonio. Eran tiempos de enorme felicidad. Inolvidables. Cada día era un nuevo día, abierto a todo. Trabajos juntos, proyectos, viajes a muchos lugares…Sin embargo, como a tantos sucede, aquel profundo amor se había ido transformando, poco a poco, en inercia, rutina y un poco más de lo mismo. A la memoria de Z vinieron los versos de una hermosa canción de Mari Trini, que ella misma cantaba con profundo sentimiento: