Capítulo VIII: Destellos del Cambio

Nada es permanente a excepción del cambio. El sol se renueva cada día. No cesará de ser eternamente nuevo. En la circunferencia, el comienzo y el fin coinciden.

Heráclito


Antes de llegar a casa, prácticamente enfrente de su mismo jardín, Z observó otro búnker que, con el tiempo, había quedado cubierto por el mar. A través de las aguas cristalinas podía verse perfectamente a uno o dos metros de la superficie. El mar había ido ganando terreno a la playa a lo largo de los años. Z pensó que el llanto de este búnker y el de todos los demás había sido tan intenso y largo que la lluvia de lágrimas había hecho subir el mar hasta cubrirlo por completo. Allá en el fondo estaba, rodeado e invadido de algas y plantas marinas, que habían crecido en su interior y alrededores. En su construcción de cemento anidaban los erizos y por los orificios entraban y salían mansamente los peces.


El mar es
el lucifer del azul.
El cielo caído
por querer ser la luz.

"Libro de Poemas" - Federico García Lorca


“Nunca permitiré que mi llanto y mis lágrimas, por muchos que sean mis pesares,  me ahoguen y lleguen a cubrir mis ojos, mi cuerpo y mi espíritu. Nadaré por encima de mis lágrimas hasta llegar a tierra, por donde seguiré andando, y cantaré, optimista, hasta ser yo, con mi canto, quien arroje fuera las lágrimas y las transforme con el sol en gotas de luz y destellos luminosos que me ayuden a seguir mirando al horizonte. Nunca me transformaré en un búnker donde aniden los erizos y por donde se paseen los peces. Nunca tendré ni tiempo ni disposición para ello. Y cuando alguna vez me sumerja en mi mar de lágrimas será para bucear o para llorar por tiempo corto, aguantando la respiración, hasta salir nuevamente a flote para llenarme de aire y seguir viendo el sol, como el que ahora estoy viendo.”


El mar
sonríe a lo lejos.
Dientes de espuma,
labios de cielo

“La balada del agua del mar” - Federico García Lorca


Z llegó a casa. Abriendo la portezuela del jardín, atravesó el porche y el salón. Sara y Elena habían salido de paseo a traer el pan y el periódico. Jorge estaba durmiendo todavía en su cuarto. Z subió hasta su dormitorio y en la terraza comenzó a hacer su habitual gimnasia tras la marcha. Sentía que estaba poco concentrado en los ejercicios. A mitad de la tabla se detuvo y permaneció de pie unos minutos, contemplando el mar y observando a unos pescadores.


Me perdí en la tierra,
fuera de la mar…
Fuera de la mar,
me perdí en la tierra.

“Marinero en tierra” - Rafael Alberti


El mar estaba rebosante de luz del sol, dispersa en miles de reflejos. Las siluetas de los pescadores parecían moverse como recortes negros vivos sobre un fondo de mar luminoso y brillante, entre la playa y el horizonte, y sus sombras iban y venían sobre la arena a mayor velocidad que las siluetas.


Siempre que sueño las playas,
las sueño solas, mi vida,
…Acaso algún marinero…
quizás alguna velilla
de algún remoto velero…

Rafael Alberti


Recordando los versos de Alberti y viendo a los pescadores, Z añadió, musitando:


Acaso algún pescador…
playa, siluetas y sombras
vivas, solas, bajo el sol…


“Otra vez: el espíritu va más rápido que el cuerpo y salta de la sombra”, pensó Z, que siguió mirando la luz del sol en el mar, dispersa en miles de reflejos. De pronto, dijo en voz alta: “VOY A MEJORAR MI VIDA”, sorprendiéndose él mismo de lo que había dicho. “No sé cómo, pero voy a mejorar mi vida y voy a ser más feliz en muchos aspectos. Lo repetiré una y mil veces, siempre, lo tendré fijo en mi mente y lo conjugaré en 1ª, 2ª y 3ª persona: yo, Z, voy a mejorar mi vida y ser más feliz; yo, Z, voy a ser más agradable y cariñoso con mi mujer; tú, Z, vas a jugar más con tu hijo; él, Z, se va a llevar mejor con su gente en el trabajo, y así voy a seguir sin parar.”

De forma absurda, como un niño, Z siguió conjugándose en primera, segunda y tercera personas del singular y del plural, usando todos los verbos y personas que se le ocurrían, todos encaminados a ser más feliz y a mejorar su vida junto con las de los demás. En su conjugación llegó a hasta incluir: “Z y el borrico de fulano serán mejores amigos…”

La vida se puede mejorar. Todo puede mejorar si estoy atento y si quiero, o empeorar si lo descuido o abandono. Lo que abandonas te abandona: el deporte, el piano, las personas, el amor de tus seres queridos... Hay que cuidar, cultivar y mejorar todo. Nada se resiste a la actitud de mejorar, como nada se resiste al amor verdadero.

Cada martes te invito a compartir las vivencias y experiencias de nuestro personaje, Z, en la sección "Mejorar tu vida". - José Medina, Presidente de Odgers Berndtson España y Portugal