Capítulo VII: La Intuición y el Cambio

Si no esperas lo inesperado
no lo reconocerás cuando llegue.
(Heráclito) Conceptos sin intuiciones son vacíos,
intuiciones sin conceptos son ciegas.
(I. Kant)


Z sintió que se estaba gestando un cambio en él. Algo, por momentos, iba a cambiar en su vida. Así le había ocurrido en otras ocasiones de su existencia. Así le vino el destello de su primer cambio profesional. En su antigua empresa le estaban preparando para un puesto de dirección al que le iban a destinar. Dos altos directivos de la empresa estaban decidiendo su destino cuando, inesperadamente, comenzaron a discutir acaloradamente sobre un tema trivial, que no formaba parte de la agenda oficial, como si él no estuviera presente. Hubo dos “clics” casi consecutivos en el hemisferio derecho de Z. El primero, “No voy a ir a ese proyecto”. Ya después lo racionalizaría con el hemisferio izquierdo, pensando “Ellos están decidiendo mi destino y yo estoy aquí como un ausente, como una marioneta en sus manos”. El segundo “clic” fue “Creo que lo que yo quiero hacer en mi vida ya no pasa por esta empresa”. Es lo que uno siente cuando va a cambiar de trabajo. Nunca llegó a ir a aquel destino, y un año después cambió de empresa. Al parecer, la profecía de un suceso suele dar lugar al suceso de la profecía.


Otra vez, años después, trabajando en un proyecto en la universidad de Stirling, la ciudad de la famosa batalla, en Escocia, Z vio por primera vez en su vida el vuelo mágico de un cisne, que nadaba a lo largo del río Forth. De pronto, todo fue un estruendo de estampidos consecutivos: eran las alas del cisne, despegando del agua y batiendo el aire, entre mil graznidos de una bandada de patos aterrados. Sintió que era él, levantando el vuelo al abandonar la escuela de negocios donde trabajaba, como así sucedió poco después, confirmando sus intuiciones.


Durante el mismo verano comentó su decisión a su colega de más confianza, que le acompañaba en el proyecto. Iban ambos en los dos asientos delanteros de un autobús de dos pisos, en Londres, disfrutando de la ciudad y del paisaje, como niños. “Creo que no se lo hubiera comentado de haber ido ambos en el piso de abajo”, pensó Z inocentemente.


Tratando de racionalizar, Z recordó que, realmente, además de la intuición, el disparador de su decisión de abandonar la escuela de negocios fue haber tenido que dedicar toda una semana para lograr el consenso de los siete miembros del equipo de dirección sobre el acta de la última reunión, a pesar de la aterradora carga de trabajo que todos tenían encima. Este motivo dejó perplejo y estupefacto al director de la escuela, persona muy influida por toda la burocracia en que se veía inmersa la institución. Jamás llegó a entenderlo.

Con frecuencia, el raciocinio de Z posterior a la decisión de cambiar era una simple “prueba del 9” de lo que la intuición le había dicho antes.


El intelecto tiene poco que ver en la vía de descubrimiento.
Hay un chispazo en la conciencia,
llámase intuición o como se quiera,
que trae la solución sin que uno sepa cómo o por qué.

Albert Einstein


Los principales cambios en su vida habían estado precedidos o acompañados de percepciones casuales, hasta anecdóticas, anteriores a la decisión lógica o racional de cambiar. Algo así parecía estar sucediendo ahora. Era como si la vivencia espontánea y personal de algún fenómeno actuara de catalizador o disparador de algo que ya dormía latente en él y generara una reacción en cadena que liberaba toda la energía. Sólo a posteriori se podía explicar con toda lógica y raciocinio. “Seguramente va a comenzar algo nuevo en mi vida. El cambio puede apuntar a toda mi persona”.


“El caso es que la vida me sonríe, vivo feliz, me entusiasma mi trabajo y no sé en qué voy a cambiar a estas alturas, con más de medio siglo a mis espaldas. No importa. Cualquier momento es bueno para intentar mejorar algo. Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, como decía Picasso, procuro hacerla cuanto antes. Habrá que empezar pronto, seguramente”.


Viendo a lo lejos las líneas de chalets vecinos al pie de la playa mientras andaba mansamente descalzo entre la arena y el agua, Z se fue acercando a casa. No tenía claro qué tarea iba a iniciar, pero sentía que algo nuevo se estaba aproximando a su vida. Al llegar a la verja del jardín el sol ya estaba alto y la espada brillante que antes le apuntaba se extendía ahora por todo el mar, como un millar de soles plateados.


Pues aunque hay pena y nos agravia
el signo adverso,
en nosotros corre la savia
del universo.

Rubén Darío


“Parece como si el comienzo del cambio consistiera más en saltar de donde estás que en saber a dónde vas. El tenista que recibe el saque del contrario salta antes de saber por dónde le llega la bola, para romper la inercia. Y el que saca salta también, aunque antes no estaba permitido. El “clic” de la transición, del punto de inflexión, donde la curva cambia de signo, es más emocional que racional y parece como si viniera solo”.

Cada martes te invito a compartir las vivencias y experiencias de nuestro personaje, Z, en la sección "Mejorar tu vida". - José Medina, Presidente de Odgers Berndtson España y Portugal