Sin integridad, la motivación es muy peligrosa. Sin motivación, las capacidades son impotentes e inútiles. Sin capacidades, la comprensión y el aprendizaje son limitados. Sin comprensión, el conocimiento no tiene sentido. Y sin conocimiento, la experiencia es ciega.
También, sin las capacidades descritas (perseverancia, iniciativa, acción, toma de decisiones, etc.), el esfuerzo languidece y todo termina en buenas ideas e intenciones.
La comprensión es igualmente necesaria, para poder alinear eficazmente capacidades, motivación e integridad hacia un fin concreto.
Compromiso y responsabilidad son asimismo imprescindibles, para que la persona compre racional y emocionalmente el proyecto y lo haga suyo para poder dar cuentas y responsabilizarse. Ha de servir al puesto, en vez de servirse de él.
Finalmente, conocimiento y experiencia específica son las dos competencias que mejor o más fácilmente se pueden adquirir.
A veces constituye un gran reto el seleccionar para un proyecto a un profesional que no tiene la trayectoria y experiencia tradicionales, pero posee otras cualidades menos obvias y más profundas, que pueden compensar sobradamente. Ello requiere, naturalmente, un diagnóstico cuidadoso de los requisitos críticos para el éxito en el desempeño del puesto.