30 marzo 2010
por José Medina - Revista APD
"Elegir a los hombres con talento y fiar bravamente en ellos", decía Isabel la Católica. Su vida es un modelo de liderazgo en un tiempo y lugar donde la mujer jugaba un papel muy secundario en todos los niveles sociales: pueblo, nobleza y realeza.
Éstas fueron algunas de sus características:
- Legítima ambición por el poder. La primera característica del líder es desear el liderazgo y sentirse capacitado para él. La subida al trono de Isabel es un verdadero asalto al poder: triple victoria de la futura reina sobre el reino, sobre Portugal y hasta sobre las aspiraciones de su propio marido. Sus derechos a la Corona no eran evidentes. Aunque Enrique IV desheredó obligado a Juana la Beltraneja, él siempre la consideró como su hija legítima.
- Liderazgo en situación difícil. En la lucha por el poder entre nobleza y monarquía, la aristocracia castellana creada por las mercedes enriqueñas quería seguir controlando el Estado. en la Farsa de Ávila los nobles rebeldes depusieron a Enrique IV e instalaron en el trono a su hermano Alfonso, cuya temprana muerte les obligó a cambiar de planes. Aquí apareció para Isabel su esperanza al trono de Castilla.
- Aprovechar oportunidades respetando a la institución. Mediante el pacto de los Toros de Guisando, los nobles forzaron a Enrique IV a reconocer a Isabel como princesa heredera. Ésta demostró entonces un profundo sentido político. No se prestó, a diferencia de Alfonso, a cualquier acción contra Enrique, al que siguió respetando como titular de la Corona.
- Visión estratégica. Defensora de su lealtad a la Corona y de sus derechos al trono, Isabel supo preparar el futuro. Consideró el pacto de los Toros de Guisando como fundamento jurídico de sus derechos como princesa heredera y esperó pacientemente la muerte de su hermanastro para poder cumplir sus objetivos.
- Casamiento integrador y estratégico. Desde niña Isabel ya estaba comprometida con Fernando. Enrique IV quiso casarla con nobles castellanos y portugueses para alejarla del trono de Castilla. De todos se pudo evadir Isabel para casarse finalmente con Fernando, en secreto.
- Anticiparse, tomar decisiones y actuar. Isabel tenía todo pensado desde mucho tiempo atrás. Al morir Enrique IV, no pierde ni un solo día y prepara una ceremonia sencilla y espectacular destinada a crear una situación irreversible. En Segovia, se alzan pendones por Isabel, reina, y don Fernando, su legítimo marido.
- Llevar la iniciativa. Su proclamación cogió a todos desprevenidos, incluso al mismo Fernando, reducido a la situación de rey consorte. Isabel creaba una situación nueva, con una política de hechos consumados: reconocer el nuevo poder u oponerse a él, sin término medio.
- Flexibilidad y ejercicio del poder. La autoproclamación suscitaba una triple oposición: la de Fernando, como rey consorte; la de los nobles, opuestos al poder real; y la de Portugal, contrario a un bloque hegemónico Castilla-Aragón. Isabel tuvo que negociar con su marido, enfrentarse a una guerra civil y rechazar la invasión de las tropas portuguesas.
- El yugo y las flechas: Tanto monta. El Acuerdo firmado en Segovia muestra tanto la energía de Isabel como la inteligencia política de ambos monarcas. Todas las decisiones tomadas durante el reinado fueron a nombre de ambos. Las iniciales de sus nombres (el yugo y las flechas) se encuentran grabadas en monedas, libros, documentos y edificios.
En el reinado de Isabel y Fernando, como en el de todo gran líder, hay un antes y un después: se culmina en algo muy superior a lo que se empieza. El ciclo abierto en 711 con la invasión musulmana se cierra en 1492 con la conquista de Granada y el descubrimiento de América. Se prepara el Siglo de Oro y la preponderancia española en Europa.
El liderazgo excelente reside, sin duda, tanto en mujeres como en hombres. Pero el de Isabel y el de Fernando, alineados, transformaron el mundo de entonces.