El pensamiento superior y el dilema del prisionero

31 December 2010
by José Medina - revista APD

Hay, entre otras, dos características que distinguen al profesional de alto potencial y rendimiento de otros. La primera es pensar un nivel por encima del suyo en la organización. Cuestionan todo, hacen muchas preguntas, proponen ideas, generan alternativas... también a veces impaciencia en sus jefes, colegas y subordinados. No son fáciles de gerenciar y menos de manejar.

La segunda característica es que generan altos resultados para sí y para los demás. No sólo obtienen gran rendimiento en su área, sino que cooperan con las otras y las ayudan, contribuyendo también a su desarrollo.

El mejorar resultados en la empresa y en el equipo de dirección pasa siempre por la cooperación entre sus miembros y el desarrollo de sinergias entre sus áreas. Pero esto no se logra fácilmente. Exige un nivel de pensamiento superior, basado en las dos características del profesional excelente anteriormente descritas.

El polo opuesto al pensamiento superior, cooperador y generador de confianza es el pensamiento unilateral, individualista. A este síndrome bastante frecuente, lo llamo Dilema del Prisonero en el Directivo.

Este dilema es un clásico en Teoría de Juegos: Dos reos, A y B, han de confesar o no su culpabilidad ante el juez. Si ambos confiesan, habrá una pena moderada (1 año) para cada uno. Si ninguno confiesa, habrá una pena mayor (2 años) para cada uno. Si uno confiesa y el otro no, habrá todavía mayor (3 años) para el que confiesa y libertad (0 años) para el que no (ver figura abajo).

En esta situación, la decisión de uno está condicionada por la del otro. La mejor solución conjunta para ambos, si hubiera confianza, sería confesar. Pero con peligro de hacer de Bobo Inocente si el otro se convierte en Traidor.

Para no depender del otro, tanto A como B optan por no confesar, con peor resultado global que si cooperan confesando ambos. La lógica individualista lleva a un resultado personal más seguro, pero peor que el resultado conjunto.

Muchos equipos padecen el síndrome del Dilema del Prisionero. Brota en directivos individualistas y con pensamiento unilateral que actúan centrados sólo en su área e ignoran efectos colaterales, positivos o negativos, en las otras. Buscando reconocimiento y tratando de apuntarse tantos y medallas, perjudican al equipo y a la empresa.

El Dilema del Prisionero es fácil de identificar y algo más difícil de corregir en un directivo. Éste puede saber que un ciclista corre mejor y aguanta más si pedalea y coopera en pelotón, pero no aplica esto a su propia carrera. Presionado por el equipo, algo puede cambiar su conducta, pero poco sus actitudes. Se trata de valores implícitos y de supuestos inconscientes donde están descartadas las opciones gana-gana, basadas en cooperación y confianza inteligentes. Para él la vida es un juego de suma cero: lo que gana uno, lo pierde el otro.

El directivo víctima del Dilema del Prisionero se va convirtiendo en Prisionero de su Dilema. Sólo cuando es sustuitido, toca fondo y aprende, comienza a descubrir que la vida es un largo juego, abundante en posibilidades de cooperar más que de competir. El error consiste en confundir unas con otras.

Muchas carreras se truncan por vivir la vida sólo como un juego gana-pierde, bajo el Dilema del Prisionero. El directivo libre de él posee un nivel de pensamiento superior. Desarrolla su área y las demás. Confía inteligentemente, coopera y contribuye al crecimiento de la empresa y a construir algo más allá de él mismo. Es ejemplo a seguir.


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