Capítulo XXIV: Ríe mucho

Otra noche, en un tablao flamenco popular en la Peña Flamenca de San Roque, Z asistió a la auténtica ejecución sumaria y degüello de unas colombianas de Huelva y fandanguillos de Cádiz por parte de una cantaora, ya en el declive de su carrera, si la había tenido. El guitarrista acompañante hacía auténticas filigranas para disimular los desafinos de su socia en una desesperada tarea de solidaridad a toda prueba, por salvar los papeles.

Uno de los asistentes se había dormido (ya era la una de la madrugada) y otro estaba quejándose de los gallos incesantes de la señora. A alguien se le ocurrió comentar: “ Fíjate: tan feliz y tan contenta, repartiendo sus gallos por todo el mundo...” El dormido despertó repentinamente, respondiendo, con su acento gaditano cerrado: “Pue a vé zi los reparte un poquillo mejó, porque ehta noshe noh han tocao tós en la rifa.” Y aparentemente siguió durmiendo, como estaba antes. La cosa fue a mejor y, por fortuna para los asistentes, “A veces parece que hay providencia”, comentó Z.

Otros cantaores fueron apareciendo, con mejor tino y fortuna, en el tablao. Pero ni las dichas son completas ni las desdichas vienen solas. Cerca del final, reapareció la cantaora, provocando la consiguiente alarma entre los asistentes, y sembrando de nuevo el terror con sus desafinos. El dormido despertó sobresaltado y filosófico: “Argo malo he debío hazé yo pa que me pazen ehtas cozas. Yo penzaba que las pezadillas las zufría zólo er dormío. Éhta es pa los dezpiertos. En cuarquié cazo ehto no pué durar musho: o ehta cantaora acaba pronto o arguien la azezina.” Nadie como la gente de Cádiz sabe convertir la realidad en ocurrencias chistosas y divertidas.

Al final, Z observó cómo el quejumbroso amigo terminaba también riéndose de los disparates que se les ocurrían. Aunque fueron un poco malvados contra la cantaora, ésta nunca llegó a saberlo. Además, en las actividades profesionales, el cliente puede llegar a perdonar nuestra incompetencia en algo, siempre que tengamos buena voluntad de dar servicio. Y eso no le faltaba a la cantaora. Lo único que no nos perdonan en la vida es el engaño, la mala fe o el maltrato al otro.

El reír con las mil aventuras sencillas que nos aparecen en la vida es una de las mejores cualidades humanas que podemos cultivar y desarrollar. Fue éste uno de los hábitos que Z se propuso integrar cada vez más en su repertorio de comportamiento con todos los que le rodeaban. Se propuso reírse tanto de sus éxitos y aciertos como de sus fracasos y errores. La risa de hoy no es trigo para guardar en el silo ni vino para embotellar. Uno y otro hay que comerlo y beberlo hoy. La risa y la alegría, como las buenas acciones, son para los demás y vuelven multiplicadas por mil.

Al igual que con evitar las trampas de caer en el enfado, Z se propuso anotar cada día, de forma sencilla, las veces que se había reído.

Reírse de sí mismo y con los demás, no de los demás, y tener sentido del humor fue algo que Z practicó cada vez más. La risa y el sentido del humor son manifestaciones externas de la alegría, del optimismo, del bienestar de nuestro espíritu y hasta de nuestra sabiduría. El humano es el único ser vivo capaz de reírse en el mundo, a diferencia del resto de animales. La cualidad de saber reírse y hacer que los demás se rían es algo a cultivar y desarrollar y enriquecer: descubrir el humor en muchas situaciones de la vida, de las más cómicas y absurdas y también de las más serias.

Cada martes te invito a compartir las vivencias y experiencias de nuestro personaje, Z, en la sección "Mejorar tu vida". - José Medina, Presidente de Odgers Berndtson España y Portugal