

Se ha hablado mucho del "Techo de Cristal" como símbolo de los obstáculos y dificultades que tienen que vencer las mujeres para acceder a puestos directivos y de responsabilidad en las organizaciones y, en general, para crecer a lo largo de su carrera profesional.
Existe, sin embargo, en las carreras directivas tanto de hombres como de mujeres, una barrera mucho más dura y sutil, un muro tan alto como transparente e invisible. Lo llamamos "El Muro de Cristal".
El Muro de Cristal es un conjunto de barreras reales, pero, sobre todo, psicológicas, a las que se enfrenta un directivo ante la decisión de un cambio en su carrera.

Una reciente investigación llevada a cabo en el Reino Unido muestra que la mayoría de directivos "senior" (3 de cada 4) se sienten de alguna forma atrapados en su actual empleo y encuentran dificultades para moverse, debido a este Muro de Cristal que les impide o dificulta la búsqueda de un nuevo trabajo. No se sienten muy seguros de cómo dar los primeros pasos y tomar la iniciativa. Con frecuencia se quejan de ausencia de oportunidades y de escasa comprensión o conocimiento del mercado de puestos directivos "senior".
Tan sólo ¡uno de cada cinco! de los directivos entrevistados siente que tiene un control completo sobre su carrera. Esto suena aterrador. Décadas de investigación en organizaciones demuestran que el control sobre la propia carrera está altamente correlacionado con el éxito y satisfacción en el trabajo y en la vida. El control de la propia carrera es a la vez causa y consecuencia de lo que nosotros mismos hacemos y construimos a lo largo de nuestra vida profesional. Estamos hablando de una de las grandes fuentes de felicidad o infelicidad en la vida.
El estudio muestra también que uno de cada diez directivos se siente temeroso o preocupado de que sus colegas o jefes en el trabajo descubran que está explorando oportunidades fuera de la empresa.

Así pues, el Muro de Cristal, en forma de barreras reales y percibidas, constituye un auténtico bloqueo en la dirección y control de la propia carrera, así como de la seguridad y autoestima personal y profesional del directivo.
Todo esto ocurre en contextos y mercados más abiertos y dinámicos que el nuestro. Aun sin investigaciones sistemáticas al respecto, este Muro existe también en España. Lo hemos constatado en muchas entrevistas con directivos.

Como el Muro de Berlín en 1989, hay que derribar o atravesar el Muro de Cristal y ver qué hay al otro lado, más allá de nuestro pequeño jardín.