Carácter y criterio en la vida

Tener criterio es imprescindible tanto en liderazgo y dirección como en consultoría. Consiste en alinear la razón y lógica de un tema o problema con nuestra comprensión, intuición, olfato y sensaciones sobre el mismo.


En mi última visita al MOMA, medio perdido por las salas, me encontré de pronto ante un pequeño dique de plástico o policarbonato transparente, que sujetaba un montón de bolas blancas de golf, apiladas contra un rincón.

Dudando qué podía ser aquello, pregunté a un funcionario. Me confirmó que se trataba de una auténtica obra de arte, aunque personalmente comprendía mis dudas. Unos días antes, en otro rincón, había un cubo con agua, detergente y una fregona, y cuando varias personas lo estaban observando, llegó la señora de la limpieza y se lo llevó, dejando a todos desconcertados.

Asumí mi ignorancia, satisfecho de haberme esforzado en entender algo que para mí carecía de sentido y de arte. A diferencia de los sufridos observadores de la fregona, no pude ver a nadie aparecer y llevarse el montón de pelotas "olvidadas".

Recordé entonces dos frases que un gran maestro me repetía: "Ante todo, un consultor debe saber trabajar con su ignorancia." Y también: "Los buenos directivos y líderes siempre están preguntando por todo". Era Warren Bennis. Decía que el liderazgo es, ante todo, una cuestión de carácter, y que el proceso de convertirse en líder es como el de hacerse persona.

Liderazgo es a carácter lo que persona a criterio. Tener criterio respecto a algo consiste en tratar en descubrir el sentido que ese algo tiene para nosotros: si "nos dice" algo, dentro de nuestro referencial de conocimientos, experiencia, intereses, valores y sentido común.

El criterio es imprescindible no sólo en el desempeño eficaz del liderazgo, sino también en la gestión de nuestra propia vida. Tiene mucho que ver con el liderazgo de archipiélago: aprender de la experiencia; influir y ser influido; integrar lo aprendido en nuestro conocimiento y experiencia. Todo ello en un mundo interrelacionado y en los ámbitos más variados de nuestra existencia.

Recientemente, con el dueño de una bodega cliente estuve disfrutando de varios vinos, no muy conocidos, pero de excelente sabor, cuerpo y aroma. Con sencillez me aclaraba: "El mejor vino de todos es el que más le gusta a usted en ese momento. El vino, y tantas otras cosas en la vida, tienen que decirnos algo; si no, no valen la pena".

Una película, una obra de teatro, una pieza musical o una ópera tienen que decirnos algo para sentirlas y disfrutarlas. Para ello hay que tener criterio sobre lo que nos gusta o no, siendo auténticos con nosotros mismos, asumiendo nuestra ignorancia o desconocimiento del tema y estando abiertos a aprender y entender mejor lo que ignoramos.

También en la carrera profesional, el criterio sobre nuestro ajuste a un puesto o proyecto es de importancia clave para el éxito o fracaso. Hay que saber alinear nuestras capacidades, intereses y valores con las características, retos y riesgos del proyecto para que el reto sea alcanzable y satisfaga nuestras metas y necesidades, y el riesgo sea calculado y medido: ni un salto en el vacío ni una mediocridad. Es frecuente oír a un directivo: "Es que no me veo a mí mismo en esta empresa o en este proyecto en un futuro...."

Al final, en el trabajo, en la carrera y en la vida, hay que ser auténtico con los demás y con uno mismo, sin autoengañarse. No hay que caer en la trampa del cuento de Andersen "El nuevo traje del Emperador", dando las cosas por supuestas simplemente porque así nos las presentan en el menú del día.