

Se lo oímos con frecuencia a cualquier directivo. Todos lo hemos dicho muchas veces. Nuestro trabajo en la empresa es un río de tareas, reuniones, viajes y horas de dedicación que deja poco remanso para levantar la cabeza y ver hacia dónde remamos. Si ya es difícil aminorar la marcha, detenernos y reflexionar sobre cómo trabajar mejor, con mayor eficacia y sentido, más complicado y molesto es pararnos a pensar sobre nosotros mismos, nuestra carrera y lo que queremos hacer en la vida. Sin embargo, algunas preguntas nos llegan a veces, consciente o inconscientemente, y que suelen quedar sin respuesta, ahogadas en ese río, donde no es fácil soltar los remos. No las hacemos a los demás, sino a nosotros mismos, como todas las preguntas importantes de la vida.



Casi todas las preguntas están interrelacionadas. Conforman la trama y urdimbre, el tejido de nuestra vivencia como seres humanos que, tanto en el trabajo como en la familia y en su entorno social, tratan de desarrollarse y de crecer como personas.
Si no tenemos respuesta satisfactoria en alguna de estas preguntas hay que hacer una revisión y actuar, para evitar efectos colaterales. Trabajo, carrera, familia, vida y felicidad, todas relacionadas y en ecología, son áreas demasiado importantes como para dejar que sean otros quienes las manejen. Como decía el poeta Amado Nervo, todos somos arquitectos de nuestro propio destino, mucho más de lo que pensamos.
Debemos actuar de forma que seamos los auténticos protagonistas, responsables de nuestra carrera y vida: capaces de decir en todo momento las palabras de Amado Nervo, en sus hermosos versos alejandrinos, pero en un tono más optimista. Pido disculpas al poeta:
Andando en mi camino, te doy las gracias, vida, Porque nunca me has dado ni esperanzas fallidas, Ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; Porque veo, avanzando en mi largo camino, Que yo soy el arquitecto de mi propio destino; Que si extraje la miel o la hiel de las cosas, Fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: Cuando planté rosales obtuve siempre rosas. Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: Mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno. Hallé sin duda largas las noches de mis penas; Mas no me prometiste tan sólo noches buenas; Y en cambio tengo muchas felizmente serenas… Amo y soy amado, el sol acarició mi faz: Vida, nada te pedí y todo te lo debo. Vida, vivo contigo y con todos siempre en paz