Un domingo, Z quería regalar a Sara un brazalete de plata que había descubierto en el mercadillo a un antiguo conocido, ya mayor, británico, que tenía allí un puesto de objetos de plata y que parecía un explorador inglés del siglo XIX. Su mujer, con un sombrero que por sus enormes rosas sólo podía ser inglés, parecía una señora sacada de las carreras de Ascott, de un partido de polo en el Campo de Gibraltar en Guadiaro, o, en todo caso, de alguna antigua película de Fassbinder. Z no se atrevía a comprarlo solo por no estar seguro de acertar con el gusto de Sara. Ésta no tenía por su parte gran interés en ir al mercadillo y prefería quedarse en la playa. Z logró finalmente la compañía de su hijo y juntos tomaron la decisión respecto al brazalete. El resultado fue un éxito, pues fue un acierto total en el gusto de Sara. Tanto Z como Jorge se apuntaron parte de la victoria.
Todas estas cosas sencillas eran vitales. La vida está hecha de infinidad de cosas sencillas y de pequeños detalles. Hay que estar atento al detalle con los demás, sin que tengamos una razón especial, simplemente porque hoy es miércoles, por ejemplo. “Su majestad el detalle”, recordaba Z, que algún conocido suyo de antaño repetía con frecuencia.
Muchas de las palabras que son el núcleo de la motivación más profunda, del optimismo y de la perseverancia para lograr las cosas, son palabras que empiezan por “e”: entusiasmo, energía, emoción, entrega, endorfinas, efervescencia, espíritu...