El reír con las mil aventuras sencillas que nos aparecen en la vida es una de las mejores cualidades humanas que podemos cultivar y desarrollar. Fue éste uno de los hábitos que Z se propuso integrar cada vez más en su repertorio de comportamiento con todos los que le rodeaban. Se propuso reírse tanto de sus éxitos y aciertos como de sus fracasos y errores. La risa de hoy no es trigo para guardar en el silo ni vino para embotellar. Uno y otro hay que comerlo y beberlo hoy. La risa y la alegría, como las buenas acciones, son para los demás y vuelven multiplicadas por mil.
Al igual que con evitar las trampas de caer en el enfado, Z se propuso anotar cada día, de forma sencilla, las veces que se había reído.
Reírse de sí mismo y con los demás, no de los demás, y tener sentido del humor fue algo que Z practicó cada vez más. La risa y el sentido del humor son manifestaciones externas de la alegría, del optimismo, del bienestar de nuestro espíritu y hasta de nuestra sabiduría. El humano es el único ser vivo capaz de reírse en el mundo, a diferencia del resto de animales. La cualidad de saber reírse y hacer que los demás se rían es algo a cultivar y desarrollar y enriquecer: descubrir el humor en muchas situaciones de la vida, de las más cómicas y absurdas y también de las más serias.