"Tengo un presidente hamletiano. Medita y analiza profundamente los problemas y los revisa al día siguiente. Sus vueltas del trabajo a casa por la tarde son temibles. Media hora de viaje da mucho para pensar. Sigue dando vueltas a los temas en sus dudas metafísicas y cambia lo acordado. Cuando al fin decidimos algo en firme y logramos ponerlo en marcha, casi siempre es tarde. El caso es que es un hombre extraordinariamente inteligente". Así nos comentaba el director de una importante multinacional respecto a su jefe.
Algunos directivos muestran en sus organizaciones comportamientos sorprendentemente parecidos a los de Hamlet, el protagonista de la famosa tragedia de Shakespeare. También sus empresas se asemejan a veces al castillo de Elsinore: ambiente de exquisita educación, cortesía, ambigüedades y apariencias, junto a las pasiones, dudas, desconfianza, disimulo, intrigas y venganzas propias del teatro de la vida. En Elsinore y en estas empresas se hace teatro dentro del teatro.