El síndrome de Coriolano

Se suele decir que todo está escrito en los clásicos. Personalmente, creo que no todo, aunque sí mucho, y a veces, olvidado. La historia de Coriolano se repite, con diferentes escenarios en el teatro de la vida. Las vestimentas y aderezos varían con el tiempo, pero el protagonista de la obra sigue siendo el ser humano, movido por sus pasiones, sentimientos y, a veces, aunque pocas, la razón.


La obra de Plutarco (s. III) “Vidas paralelas de nobles griegos y romanos”, describe, entre otras, la de Coriolano. Es una obra maestra de la que se puede extraer lo que no debe hacer un líder. Como veremos, historia y vida se repiten a veces de forma dramática. Cayo Marcio Coriolano fue un famoso general de Roma del s.V a.C., a fines de la Monarquía y comienzos de la República. Su madre le había preparado para ser un gran guerrero. Miembro de la aristocracia romana, dirigió a sus legiones contra los volscos, tribu enemiga a la que derrotó con gran valentía, ganando el apoyo de todos los patricios del Senado.

Se iniciaba entonces un periodo de relativa democratización. La influencia de los plebeyos aumentaba progresivamente y debía ser tenida en cuenta en las decisiones del Senado. Fiel a sus valores, Coriolano se opuso abiertamente a las demandas democráticas y se creó muchos enemigos entre los plebeyos.

La habilidad que demostró en la guerra no supo trasladarla a la política, con fines de ser elegido Cónsul.

Tras muchos avatares y desencuentros, Coriolano no sólo no fue elegido Cónsul, sino que, hasta acusado de malversación de fondos, fue condenado a muerte, aunque su sentencia se conmutó por el destierro. Ya en el exilio, Coriolano se rebeló contra la República, uniéndose a los volscos, contra quienes había luchado, persuadiéndoles para que rompieran el tratado de paz con los romanos. Cuando las tropas volscas de Coriolano amenazaron Roma, el Senado envió a su madre y su esposa entre las matronas romanas, para disuadirle de atacar. Lo lograron, y Coriolano retiró finalmente las tropas volscas, conduciéndolas de vuelta a Antium, la capital. Cometió así un doble acto de deslealtad hacia unos y hacia otros. Aufidio, caudillo de los volscos, al que se había unido Coriolano, inició un juicio contra él. Coriolano murió asesinado antes de finalizar el proceso.

Algunos siglos después, a fines del XX y comienzos del XXI, en España, el CEO de una gran compañía transformó la empresa haciéndola líder en su sector. Su estilo de liderazgo era autoritario y abrumador en el equipo. Éste reconocía la valía del CEO, por los resultados. El liderazgo era eficaz, pero abrasivo y con alto coste humano.

Las necesidades del mercado iban cambiando hacia una mayor cercanía y sensibilidad al cliente y al servicio. Ello implicaba un estilo de liderazgo mucho más participativo y abierto al equipo, empleados y clientes. A este cambio no se  adaptaba el líder, que insistía en el estilo que hasta entonces le había llevado al éxito. Finalmente tuvo que ser sustituido por otro ejecutivo, más adaptado a la realidad actual.

El resentimiento del CEO llegó a tal nivel que, en su deseo de venganza, estuvo al borde de pasar al principal competidor, contra el que había luchado los años anteriores. La decisión no llegó a culminar por razones legales.

La historia terminó marchándose el directivo a otra empresa de diferente sector. El odio hacia su anterior compañía era sólo comparable al que trataba de infundir en ella contra el competidor con quien estuvo a punto de unirse.

El "Síndrome de Coriolano" es un pequeño manual de instrucciones que sintetiza lo que no debe hacer un líder:

  • Creerse en posesión de la verdad.
  • No escuchar la opinión ajena.
  • No adaptarse a nuevas realidades y al cambio que implican.
  • Ser desleal con su institución.
  • No aprender de la experiencia.
  • No entender lo que le ha pasado.

El síndrome se resume en no escuchar, no adaptarse, no aprender y no entender.