Paralelamente, vamos construyendo una imagen de nosotros mismos cada vez más definida. Tomamos mayor conciencia de nuestras capacidades, motivos y valores a medida que observamos las respuestas que damos a diferentes situaciones, problemas y desafíos. Vamos conociendo mejor nuestros puntos fuertes y debilidades: quiénes somos y quiénes no somos, a qué jugamos en la vida y a qué no.
A los diez-quince años de carrera, pasamos por una revisión consciente o inconsciente de lo que hemos hecho hasta ese momento. Al mismo tiempo, nos hacemos algunas preguntas sobre nuestras decisiones anteriores, y, especialmente, sobre las futuras. "¿Estoy haciendo lo que quiero? ¿He logrado lo que quería? ¿Ha valido la pena el sacrificio? ¿Quiero continuar o cambiar? ¿Qué quiero hacer el resto de mi vida? ¿Pasa ello por mi actual empresa?" Esto es lo que yo llamo "la crisis de los cuarenta", que trataremos en más detalle en el próximo artículo.
Esta revisión puede ser traumática en algunos casos, pero es normal, relativamente tranquila y muy positiva en la mayoría de las personas. Suele conducir a una reafirmación de objetivos actuales o a un descubrimiento de nuevos intereses, más o menos alineados con las propias capacidades. El "gap" entre capacidades e intereses puede ser relativamente fácil de cubrir. Si es grande, también se cubre con fuerte motivación y disposición para superarlo.