Doce preguntas

“El día a día nos come”.

Se lo oímos con frecuencia a cualquier directivo. Todos lo hemos dicho muchas veces. Nuestro trabajo en la empresa es un río de tareas, reuniones, viajes y horas de dedicación que deja poco remanso para levantar la cabeza y ver hacia dónde remamos. Si ya es difícil aminorar la marcha, detenernos y reflexionar sobre cómo trabajar mejor, con mayor eficacia y sentido, más complicado y molesto es pararnos a pensar sobre nosotros mismos, nuestra carrera y lo que queremos hacer en la vida. Sin embargo, algunas preguntas nos llegan a veces, consciente o inconscientemente, y que suelen quedar sin respuesta, ahogadas en ese río, donde no es fácil soltar los remos. No las hacemos a los demás, sino a nosotros mismos, como todas las preguntas importantes de la vida.

Éstas suelen ser algunas:


  • ¿Hasta qué punto puedo ser yo mismo en mi empresa?  Es frecuente la frase “Es que ya no me veo a mí mismo en esta empresa...”en boca de directivos que se están planteando un cambio. ¿Me veo a mí mismo haciendo lo que hago?
  • ¿Cómo me trata la empresa? En función de mi forma de ser y de actuar natural y espontánea, ¿Me respeta? ¿Me constriñe o limita? ¿Me ignora? ¿Soy sólo un número o alguien realmente importante para esta casa, sin pretender ser imprescindible?
  • ¿Voy con ganas al trabajo? ¿Me levanto por la mañana con ilusión de continuar y culminar mi tarea, o lo hago con desgana y apatía? ¿Me ocurre esto con más frecuencia que antes?
  • ¿Me siento bien o mal utilizado? En los primeros años, es normal trabajar mucho para aprender, adquirir experiencia y crecer. Pero, ¿es tanto mi trabajo que me impide hacer las cosas bien y con calidad? ¿Me compensa?
  • ¿Aporto y aprendo? Aprender + Aportar = Consolidar + Crecer. ¿Me siento en equidad con lo que doy y lo que recibo? ¿Cubro etapas y crezco en mi trabajo? ¿Tiene éste sentido para mí?
  • ¿Me llega a fin de mes mi Salario Emocional? ¿Aprovecho al máximo mis mejores capacidades? ¿Me retienen sólo con salario material o me siento ligado y comprometido con el proyecto? ¿Estoy en una jaula de oro?
  • ¿Disfruto y me divierto con mi trabajo? Aprendizaje y desarrollo profesional y personal están muy ligados al disfrute y vivencia lúdica del trabajo que se realiza. ¿Es esa mi experiencia?
  • ¿Tengo futuro y horizonte de carrera? ¿Veo recorrido y desarrollo profesional? ¿Tengo expectativas razonables y optimistas sobre mi trayectoria?
  • Lo que yo quiero hacer en mi vida, ¿pasa por mi empresa? Puede parecer una afirmación simple o inocente, hasta de Perogrullo, pero, tarde o temprano, cambiamos de trabajo cuando sentimos que lo que queremos hacer en nuestra vida ya no pasa por nuestra empresa.
  • ¿Gestiono mi carrera o me la gestionan? Las cosas importantes de la vida, como la libertad, la familia y la carrera, no son delegables. Si no las gestiono yo, “me las gestionan” y pierdo el control de mi futuro. Hay que ocupar el asiento del conductor en estos temas.
  • ¿Estoy motivado, satisfecho, ambas o ninguna? ¿En qué cuadrante estoy? ¿En qué momento de mi proyecto y de mi carrera me hallo? ¿Empezando algo, con ilusión y compromiso? ¿Creciendo fuertemente? ¿Llegando al techo? ¿Habiéndolo tocado y con el síndrome de ”más de lo mismo”? ¿Estoy estancado, en línea descendente, o hasta en deterioro?
  • ¿Qué hago al respecto? Según mi lectura y diagnóstico de los puntos anteriores, ¿Qué medidas estoy tomando, si es que hay alguna? ¿Empiezo a moverme y a hacer algo?

Casi todas las preguntas están interrelacionadas. Conforman la trama y urdimbre, el tejido de nuestra vivencia como seres humanos que, tanto en el trabajo como en la familia y en su entorno social, tratan de desarrollarse y de crecer como personas.

Si no tenemos respuesta satisfactoria en alguna de estas preguntas hay que hacer una revisión y actuar, para evitar efectos colaterales. Trabajo, carrera, familia, vida y felicidad, todas relacionadas y en ecología, son áreas demasiado importantes como para dejar que sean otros quienes las manejen. Como decía el poeta Amado Nervo, todos somos arquitectos de nuestro propio destino, mucho más de lo que pensamos.

Debemos actuar de forma que seamos los auténticos protagonistas, responsables de nuestra carrera y vida: capaces de decir en todo momento las palabras de Amado Nervo, en sus hermosos versos alejandrinos, pero en un tono más optimista. Pido disculpas al poeta:


Andando en mi camino, te doy las gracias, vida, Porque nunca me has dado ni esperanzas fallidas, Ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; Porque veo, avanzando en mi largo camino, Que yo soy el arquitecto de mi propio destino; Que si extraje la miel o la hiel de las cosas, Fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: Cuando planté rosales obtuve siempre rosas. Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: Mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno. Hallé sin duda largas las noches de mis penas; Mas no me prometiste tan sólo noches buenas; Y en cambio tengo muchas felizmente serenas… Amo y soy amado, el sol acarició mi faz: Vida, nada te pedí y todo te lo debo. Vida, vivo contigo y con todos siempre en paz